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Una película futurista en la que el futurismo es lo de menos y lo que importa son las adicciones de su protagonista. Es un dramón sobre un perdedor nato que transcurre en el año 2089, donde qué duda cabe que también habrá perdedores natos y drogodependientes. El protagonista se hace traer sus drogas en nave espacial desde Omicron Persei 5, hasta que una redada intergaláctica intercepta el cargamento. Entonces, su vida se convertirá en un infierno de proporciones cósmicas.