#762


Hay un fallo de guión tremendo pero no nos importa: un secundario de lujo muere en la escena cuarenta y siete, y luego aparece de nuevo sin más explicación ni rasguño alguno. El padre del protagonista pasa de ser blanco a ser negro; la esposa, sin motivo aparente, unas veces es concertista de piano y otras actriz de teatro. Todo es muy de la Nouvelle Vague, pero las canciones de Coldplay nos devuelven a la temible realidad: no es más que una supuesta película de arte y ensayo más vacía que la cuenta corriente de Christian Slater.