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Arde la calle al sol de poniente en este western crepuscular en el que un viejo cowboy descubre un refugio atómico debajo de su rancho. Anonadado lo alquila para fiestas y comuniones. Se ganará unos cuantos dólares que utilizará para comprarse un anillo de boda y pedirse en matrimonio. Con el tiempo descubrirá que su matrimonio sólo era una farsa, que se ha engañado con todas las prostitutas del saloon y, lo que es más fuerte, que en realidad nunca se había querido. Sam Peckinpah rechazó dirigirlo porque según él “era el típico argumento de western fordiano”.