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Baz Luhrmann se lo piensa mejor y vuelve a adaptar “El gran Gatsby”, esta vez como tendría que haber sido la primera. La historia se ambienta en el combulso siglo XXI, con un mundo azotado por una crisis mundial y, ahora sí, coches en verdad potentes que pueden correr a 200 km/h por el Downtown. Jay Gatsby es un promotor inmobiliario que ha visto su fortuna florecer después de servir en la Guerra del Golfo, mientras añora el amor inmortal que tuvo con un jovenzuela llamada Daisy, antigua gogó de discoteca. La chica se ha casado con un banquero arrogante conocido como “La Fiera de Wall Street”, putero, alcohólico y fumador de puros habanos. Gatsby se instala en la soleada Malibú para recuperar a su amor, mientras su vecino Nick Carraway, un ex-drogadicto, ex-guionista y ex-jugador de fútbol americano observa con espasmo cuanto acontece a su alrededor, con vistas a escribir una delirante sitcom. Grita “¡Por San Robert Redford!” si no te habías dado cuenta que he escrito convulso con “m” y con “b”.