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La única comedia de Billy Wilder que Jack Lemmon se negó a protagonizar fue esta en la que un conductor de autobús apocado y simplón se come un bocadillo de salami mágico y se convierte en un crooner de los años 50. Cada vez que se come uno, es capaz de subir una octava su registro de voz. Al final es un crooner con una voz de oro y 190 kilos de peso. Jack Lemmon dijo no a diez horas diarias de maquillaje y prótesis de barriga para aparentar un sobrepeso que jamás se habría podido conseguir de forma natural. En realidad, Lemmon lo que quería era engordar de verdad, como buen actor del método que era. Wilder tuvo que abandonar el proyecto. Ahora rodamos la película por fin y le ofrecemos el papel al único actor que podría hacerle sombra al bueno de Jack, un Orlando Bloom con muchísima hambre. Con un poco de suerte, le provocaremos una afección coronaria crónica que le mantendrá apartado de los platós durante el resto de su vida.