#1355


Era un número que no significaba nada. Ni tenía que estar ahí, ni estorbaba. Era un número que nunca nadie antes había escrito, por eso se veía tan raro. Por eso era impronunciable. No había cifras como esa en el mundo de la literatura, ni del cine, ni siquiera de la publicidad. Jamás nadie lo había necesitado y se sentía solo. Pero creyó que Internet le redimiría, que ahí encontraría su lugar entre los célebres. A lo Marlon Brando. A lo David Niven. Pero Internet es frágil, y cruel, e hipócrita. Por eso cuando llegó su oportunidad de despuntar se arrugó y no pasó de ser simplemente un título. “#1355”, la historia de un número que no existe; una película que no existe a su vez.